El fuego inolvidable

Deja que tu semilla muera en la tierra, deja que los ladrones limpien de suelo a cielo tu casa, deja a tus hombres azotarte en el piso y extrañarte en las tardes vacías. Esconde las tetas con una cinta apretada, córtate el cabello largo y fino, vístete con sacos de lana ruda, escapa bajo los puentes y sobre los trenes de carga hacia ese país inexistente en el sur. Que los que te amaron te olviden, que quienes se encantaron con tu afrancesada boquita se mezclen en la bruma con quienes te mancharon en esos cuartos sórdidos, que la culpa se borre de las mentes de quienes no cumplieron sus promesas para contigo. Que no haya justicia, que no exista paz, que todas esas lágrimas hayan sido en vano. Que nadie sepa que aquel río fue tu llanto, que aquel mar fue tu deseo, que tal ciudad está nombrada en tu memoria. Que suban la montaña y no escuchen tu queja, que miren al sol sin miedo a enamorarse de ti. Huye de la luz, aborta la felicidad, extingue tu nombre de nuestras bocas, recorre los pasadizos profundos de la tierra, acaricia al príncipe del polvo, al rey del lodo, al emperador del pantano que existe en cada sótano de cada hogar del universo. Susurra como una mariposa para que se desaten las tormentas, sacude tus alas en las galaxias oscuras, ignora la sangre que gotea de tus garras hasta mundos nonatos, extiende tu risa negra como una daga que separe a todas las parejas de amantes del futuro, todos los matrimonios felices del pasado. Que tu pestañeo sea esa pausa de miedo en todas las orgías, ese odio a todos los niños recién concebidos, ese instante en que el amor se hace rencor y se enfría y se corroe y se pudre y que esa podredumbre tenga el color brillante de tus pupilas antiguas y siempre a punto de nacer.

¿Y dónde estarás cuando todo esto se cumpla? ¿Cuántas veces habrás cambiado? ¿Qué habrás hecho con el fuego del mundo después de aburrirte y dejarlo tirado en el rincón? ¿Seguirás rezando en las noches, masturbándote con tus juguetes de infancia en las mañanas, seguirás llorando en los ascensores? ¿Nos encontraremos, tú y yo, o nuestros avatares congelados y entregados a la lujuria y el vacío, nos reconoceremos en una tarde cualquiera, ajenos y extraños, cordiales y sarcásticos, elegantes donde antes sórdidos? ¿Podremos lo imposible y diremos lo indecible? ¿Recordaremos el hechizo que nos devolverá nuestros verdaderos nombres, nuestra inocencia sacrificada, nuestro amor? 

Y entonces, ¿cumpliremos por fin nuestra promesa, Luzmira?

posted : Wednesday, August 3rd, 2011

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