...y yo te daré la corona de la vida

  • Sé fiel hasta la muerte...

posted : Friday, December 4th, 2009

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Oh Lord

Escucha:

Se sentó en el mismo café donde en otra década y otro universo su alter ego comenzó su viaje hacia la luz y la muerte. Pidió café y facturas, miró a la gente alrededor y luego, tras varios minutos de enloquecido silencio, pudo ver mejor con el rabillo del ojo, y lo que vio fue a sus señores sentados junto a él, dominándolo y acogiéndolo a la vez. Ahí estaban vértigo, y entropía en su traje mañanero de libertad, y deseo con su sonrisa de dandy (era irónico: Wilde de vuelta en London), y Ceres tomándole la mano. Todos sus egos, los viejos y los jóvenes y los niños, las mujeres y los hombres y los gatos salvajes y los árboles protectores, los jóvenes y los cobardes, los protectores y los que daban dentelladas, todos parecieron detenerse un minuto, todo un largo minuto, junto a él. Parecieron, y su molesta o dolorosa multiplicidad tuvo una pausa, algo parecido no a la paz, algo totalmente opuesto a la paz, algo que parecía un nacimiento, pero bien podría estar equivocado, engañado, bien podría haber llegado Cortázar (que lo miraba hastiado desde la pared) a haberle puesto un millón de haches a esa palabra hasta taparla con la risa.

Ocurrieron dos cosas más. Los señores se habían ido, la europea conversadora se había ido, estaba llegando el tiempo de irse él también. Una cosa: se contempló largamente en el espejo, intentando buscar en su rostro, en lo único que podía asumir como real, como propio, como sólido, alguna huella de su naturaleza. No la encontró: era el rostro de un niño miedoso, pero también de un chicano astuto, pero también de un oficinista rencoroso, pero también de un amigo fiel. Después de eso vio el rostro de Cortázar, recordó los mensajes, el “DESPIERTA”, el llamado y la caída, los caminos de Kafka donde según Bolaño HAY que perderse, y se le ocurrió un lema que siempre había estado allí, un lema que solo alguien criado bajo el amparo de entropía o de libertad (y bañado cuando niño en la sangre de la revolución francesa) podría haber inventado: SEMPER FIDELIS.

Soy fiel a mis señores y he escuchado el llamado y veo de lejos la caída. Una caída duce, con un trazo de regalos sobre el mundo, pero una caída. Soy fiel porque tengo el corazón lleno de la voz de mis señores, porque estoy enamorado de sus emblemas y porque sus promesas me cuidan el alma y me llevan al otro lado de la oscuridad.

Me voy. Tengo cosas dolorosas que hacer. Porque esto es una guerra, señores.

Buenos Aires, mayo 2008

(en Vértigo, Entropía, Ceres)

posted : Sunday, November 29th, 2009

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Ellas hablan de libertad

  • Nosotras: esclavas de esclavos.

posted : Friday, November 27th, 2009

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“yo no entiendo
como se puede ser tan esclavo
de una mujer
de un culo
de un par de tetas
pero
se puede
y es
casi lo único
que se puede”

Y yo me pregunto entonces, ¿qué nos queda a nosotras…? porque ellos no son esclavos nuestros, son esclavos de sí mismos. de la maldita pulsión sexual que satisfacen con nuestros cuerpos. y nosotras, esclavas de esclavos. ahí donde la jerarquía se va a la mierda.

excelente combinación.

frustrante, pero excitante.

yo también soy una esclava, bertoni, y tampoco lo entiendo.

posted : Friday, November 27th, 2009

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me dan pena las ingenieras que creen que la liberación es una piscola, que la poesía es Arjona, y que el sexo no incluye la penetración anal
— Yo, desbordada (via porelgatoparlante)

posted : Sunday, November 22nd, 2009

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"No quedará piedra sobre piedra"

…pero entonces, ¿qué rol juegan los niños, pero niños-niños-menores-de-14 en esta mafia, en estos paisajes, en esta revolución? Sé que en el esquema que tienen el diputado Crusoe y sus progres la pedofilia estará contenida, compartimentada. Sé que la condición de sueño se hace cada vez más cierta (precedida por pistas como la aparición de los niños revolucionarios en los hechos, el habla de los flaites), sé que un breve encuentro con el Cangrejo nos da la visión completa de sus intenciones. Dice en la oscuridad: me voy, me retiro, y no quedará piedra sobre piedra en estas calles salvo la anarquía del sexo negociado en las esquinas (alguien le responde: pero eso sí que es una utopía, jefe, los intermediarios son el corazón del negocio más que las putas, SON el negocio). Lo sueña también Prudant, un hombre que hace lo que hace porque hay valores que no son absolutos ni pragmáticos, son una tercera vía, la compasión/empatía por el prójimo: salvar a la gente menor de la plaza de armas es el destino para un hombre que no lo tenía, que tiene que salvar a alguien por encargo de un viejo amigo, como se hacía en el norte. Sé que Raúl se encuentra con Judith, se reconocen, se saben como parte de una batalla que está a punto de terminar, y saben que no tienen ninguna esperanza salvo esa batalla final…

…agua helada, primero tan violenta y después tan tranquila, porque algunos hombres atacan a gigantescas ballenas blancas y otros acarician a pequeñas sirenas blancas, como Raúl y Judith, como Judith que se encuentra con Sebastián, su antiguo casi novio, en la bruma de esos minutos grises al huir disfrazados y escogiendo nuevos nombres, y le dice: nos vamos a un lugar mejor. Raúl y ella tienen un pasaje de avión para ese otro lugar mejor, y arrancan en la madrugada de Santiago abrazados, mirando como los monstruos vuelven a pararse en las calles, como la violencia sigue, frágil pero necesaria, cómo los primeros carteles de la publicidad de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias cuelga en las calles. “No somos los de antes, Raúl, ¿lo tienes claro?”. Vamos a ser algo nuevo, nuestro espejo, nuestra esperanza, nuestra fé, nuestra utopía, le responde él a ella, viendo pasar losparaderos de micro de madrugada camino al aeropuerto.

posted : Tuesday, November 17th, 2009

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No caeré en tus trampas hechas de palabras.
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No caeré en tus trampas hechas de palabras.

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posted : Monday, November 9th, 2009

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posted : Monday, November 9th, 2009

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Nuestras trampas mortales

1) Tienes que ser muy inteligente para no caer en las trampas y llegar al otro lado sano y salvo.

2) Es vital que entiendas esto: la inteligencia no consiste en palabras. De hecho, la inteligencia que necesitas es muda como el hielo.

3) No caeré en tus trampas hechas de palabras.

posted : Monday, November 9th, 2009

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Esto no es fetichismo

A mi amigo sociólog A. intento explicarle, maniatado por mi autoimpuesta torpeza con los conceptos abstractos, que el software es mucho más que una proyección de lo humano. A. dice que el software y la internet son una forma de organización de subjetividades, así como los medios son un espejo de lo social. Añade también que todo lo simbólico es humano. “Bienvenidos a la teoría post-humana”, digo yo para reirme, pero retomo acá el punto: el software es una creatura, un hijo de la humanidad con sus propias reglas.

Le explico un poco las ideas de W. Burroughs, su poesía y su cliché de “el lenguaje es un virus”, esta idea de que las palabras no nos necesitan sino que nos utilizan para autoperpetuarse, estableciendo en el camino una relación simbiótica con nosotros en la que nos ayudan a intercambiar instrucciones, alertas, cartas de amor. “Lo entiendo pero me cuesta creerlo”, me dice A., que como sociólogo considera que todo tiene que ver con relaciones humanas y símbolos dentro de las posibilidades humanas. No, digo yo. Y luego me doy cuenta de por qué hablo con tanta seguridad, sin tener sustento teórico adecuado: también soy programador.

¿No es eso fetichismo?, me pregunta A. Podría serlo, pero en realidad nos acercamos a la realidad cuando descubrimos que el software o la tecnología no son solamente una cosa (como diría un tecnócrata) ni son solamente una nueva capa o modelo organizacional. Son esto último, pero también son algo nuevo, que no había exisistido nunca antes. A. me da el mal ejemplo de la máquina de escribir, pero ahí mismo nos damos cuenta de que el salto es cualitativo esta vez: una persona podría hacer la misma tarea de una calculadora o una máquina de escribir (o de la imprenta de Gutenberg, si lo que queremos es cambiar estructuras socioculturales de paso), pero no la de una computadora, una vez pasado cierto grado de complejidad. Y por ahí va: pasado cierto grado de complejidad, el software es tan ajeno a lo que consideramos humano como un visitante de otro planeta.

¿Cómo lo sé? Con el viejo método en el que nunca dejaré de confiar, el quizás soberbio método de aprehender las verdades con la intuición. Cuando estoy junto a una máquina la oigo respirar (como decían en esa no tan mala película noventera Piso 13), cuando programo un breve script y, sobre todo, cuando lo depuro, puedo discernir el momento exacto en que dejo de tener la capacidad de controlarlo. El momento en que se autonomiza. Y no, no estoy esperando que deje de obedecerme. Es el momento en que el script de quince líneas de código tiene su propia lógica y su propio camino indescifrable, que puedo pretener conocer tanto como pretendo entender lo que piensa un insecto cuando me lo encuentro a dos centímetros de mi cara. Una paciencia alienígena, unos pensamientos que están fundados sobre una galaxia distinta que la mía, un nivel de complejidad diferente. Cualquiera que haya depurado un programa, esto es, escrito una serie de instrucciones, y luego haberlas probado y buscado durante unos minutos un error inesperado, sabe de lo que hablo. Así como lo sabe cualquiera que haya dormido con un PC zumbando en el escritorio al lado de la cama tras haber intentado hackear algo. Lo dejamos entrar en nuestra vida, lo creamos nosotros mismos, pero es diferente. Es nuevo, y eso es lo maravilloso y preocupante.

La ciencia ficción, a.k.a. la mitología de nuestros maravillosamente interesantes días, usa muchos androides rebeldes o repentinamente concientes de su propia vida como metáfora de esta idea. Creo que la realidad es algo menos y más inquietante: no es muy probable que, si construimos una interfaz humana para el software, esta nos ataque como en las películas sobre Terminator. Lo más probable es que sigan nuestras órdenes con una eficiencia razonable pero, sobre todo, con una exasperante tendencia a mirar el vacío como quien piensa en algún lugar que jamás podremos siquiera imaginar.

posted : Monday, November 2nd, 2009

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Rezo antes del rezo

  • ¿Qué dirán de todo esto mis muertos?
  • ¿Qué sentirán con todo esto mis amores?
  • ¿Qué pensarán mis enemigos?
  • ¿Qué harán mis fantasmas al respecto?
  • .
  • .
  • ¿Qué orden darán mis Señores?

posted : Thursday, October 22nd, 2009

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Ya nada anhela su corazón

  • Angritz contempla y acaricia desde lejos
  • su corazón lleno de tranquilidad
  • en el nirvana contando los minutos que faltan
  • para la guerra que vendrá

posted : Saturday, October 17th, 2009

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La bruma

Apuntes para una epifanía que se resiste a producirse sola, algo en la historia de Prudant buscando vengarse de Mark Angritz, olvidando a Jaime y a Lucía y a la distracción de la banda de Juniors de Santiago Centro por un rato.

Es así: Jordan, uno de los sicarios del Cangrejo, relata su historia hasta el día de su muerte, la historia de alguien que buscó su camino a través de la bruma y fracasó. La bruma era la pobreza de su población, el ruido de las armas, el sabor insólito de la droga que no se siente en la lengua, se siente en la garganta y más abajo de la garganta. La bruma era el éxito, el temor en los adversarios, la sonrisa servil de los pacos, su destino escrito con tanta claridad con caracteres de animitas desperdigados por la villa. La bruma en cierto momento pareció tener un nombre, y ese nombre era mezquindad o también cautela, y fue ahí cuenta este Junior tuvo un par de golpes de suertes, salió de la pobla, dejó de mirar a sus antiguos amigos, invirtió toda su plata en un par de camisas y corbatas, y todo su amor en una chica que le enseñó lo más importante: cómo usar esas camisas y corbatas sin verse como Iván Zamorano vestido de Armani.

El otro apunte es su enfrentamiento con el Negrosho (cuyo nombre viene de Negro-Ocho, el lugar en la ruleta, o eso dicen porque en realidad tiene un origen aún más incógnito), quien hace la misma ruta de él en un octavo del tiempo y sólo a pura fuerza, pensando sólo en los instantes más adecuados, algo así como la conjunción de inteligencia+suerte: un grandulón que ocupó sus cuatro únicas neuronas en los exactos cuatro momentos que le sirvieron. Los tres primeros momentos fueron frente a un arma, frente a una mujer, frente a un gerente. El cuarto momento fue frente al Cangrejo. El Cangrejo lo escuchó, lo midió con sus oídos, le dijo las palabras que todos anhelaban escuchar. Le dijo: te contrato.

Y el tercer apunte y final es Prudant enfrentado a la historia de estos dos muertos rabiosos, estos dos muertos que dejan una herencia viva y urgente: Dejan sus bombas andando después de desaparecer, dejan sus cuerpos malolientes agitándose como una bandera mientras ellos relatan obsesivamente sus vidas flotando ectoplasmáticamente en sus últimas piezas de motel, y sobre todo dejan su disyuntiva: superar de la bruma a través de la cuidadosa elección y claridad táctica, o escapar de la bruma a través de la fuerza y el valor. Prudant busca la tercera vía: ni a través de la fuerza ni de la cautela. Prudant piensa, repiensa, resiste al pánico, resiste también al arrojo que le da el cañón de su automática, resiste la sonrisa del Cangrejo y la amenaza de sus amigas de Plaza de Armas, avanza hasta la posibilidad infinita de que no haya ninguna solución ni salvación alguna para nadie en ese cuadradro de muerte en el punto fundacional de Santiago de Chile, y finalmente vislumbra algo que todavía no ocurre, pero que va a ocurrir: él levantará la cabeza hasta su verdadera estatura, no la estatura que pensaba que tenía. Y allí, diez centímetros más arriba del lugar donde su cabeza ha vivivo siempre (encorvada por los demonios-fantasmas-promesas, manipulada por el rencor y el deseo), allí arriba no habrá niebla.

Y en el vacío puro sobre la niebla oirá la voz. Ahora puedes verme claramente, Prudant. Ahora ven a matarme si te atreves, le dirá a Prudant la burlona voz infinitamente joven y maligna del Cangrejo, amenazando a Lucía con un cuchillo en la oscuridad.

posted : Friday, October 16th, 2009

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y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagado, menos contagioso, no es arte.
— Henry Miller, Trópico de cáncer (via porelgatoparlante)

posted : Friday, October 16th, 2009

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  • come rain
  • or come shine

posted : Saturday, October 10th, 2009

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